20 mayo 2006

PREFACIO: EL PRIMOGÉNITO

bueno, ya casi tengo nueve.
y es que el tiempo pasa muy rápido
.
desde que supe que mozart componía a mi edad, no he dejado de darme prisa.

parece que fué ayer y ya he cambiado cuatro veces de profesión. hace ya muchos años pretendía ser cura, pero enseguida abandoné la idea, seguramente influído por mis hermanos.

en aquella época, javier josé había decidido ser torero.

pero como yo fuí siempre el primogénito, no tardé mucho en tener una convincente charla con él.
siempre obtuve los juguetes más costosos y no me costó convencerle de que YO sería torero y ÉL sería toro.
fué NUESTRA primera gran decisión. la adoptamos de común acuerdo y suponía nuestro gran proyecto personal; algo que además diseñaría nuestro futuro juntos.

javier josé siempre estaba de acuerdo conmigo.


"a las cinco de la tarde"

fué en abril, cuando empezaron a nacer mis seis hermanos; aunque yo nunca dejé de ser el primogénito.
una posición con rango de privilegio, que me daba derecho a usar primero los jerseis y los zapatos.
pero, sobretodo, a poseer la experiencia de toda una vida.
en esto nunca pudieron alcanzarme mis hermanos, aunque todos mis tios los vieran siempre tan guapos y simpáticos, siempre terminaban diciendo: ". . . pero juancito es tambien muy guapo . . . "
no había ninguna duda : el paso de los años no mermaba mi gracia personal.

por eso, durante los siguentes tres meses, entrenamos muy duro. sobretodo javier josé, ya que su futura profesión requería de una gran fuerza, destreza y concentración.
desde que vió la necesidad de trabajar como toro, todavía no había aprendido bien a escarbar la tierra mientras me miraba con odio, resoplando guturalmente antes de que me dispusiera a matarlo, por enésima vez esa tórrida tarde.
eran las cinco de la tarde y yo ya manejaba con habilidad la espada, por supuesto. cada vez le pinchaba con más suavidad. primero porque era mi hermano y segundo porque el me lo pedía con los ojos embebidos en lágrimas, con una profunda emoción que casi no le permitía hablar con claridad; aunque siempre supe entrever aquella nerviosa sonrisa llena de sentimiento.

javier josé siempre ha sido una persona muy emotiva, pero sobre todo ha sabido valorar mi esfuerzo. no puedo olvidar aquellas tardes de gloria en la arena, frente al colegio, cuando después de una gran faena sacábamos a mi hermano arrastrándolo por los piés mientras le dabamos varias vueltas al ruedo.
nuestra madre no estaba al tanto de los detalles de nuestra preparación para el "famoso futuro" y siempre nos decía lo mismo: "no quiero volver a veros rebozados en sangre y arena, me cuesta mucho sacar las manchas de tomate".

ante semejante falta de sensibilidad artística, adopté un tipo de respuesta que siempre le ofrecía con afecto: " vale, vale. . . ". sin embargo mi padre solía alagar mis dilatadas tardes de faena, tras diez minutos de aplausos en los que hablaba emocionado, al mísmo tiempo.
nunca conseguí entender lo que decía, pero sonreía por igual al toro y al torero.

eso era lo que nos hacía a los dos seguir en la brecha.hasta que javier josé se cansó y decidió ser astronauta.
nuestro futuros se separaban de nuevo.
aunque todavía seguían naciendo hermanos.

pero permítanme que empiece por el final, que es la parte de la que mejor me acuerdo. . . .

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